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Noveno juicio de la megacausa de Campo de Mayo

14 Oct

14 de Octubre 2013

El hijo del “Negro” Quieto es querellante en el juicio por el secuestro de su padre

Roberto Quieto

Roberto Quieto

Guido Quieto tenía 6 años cuando presenció el 28 de diciembre de 1975 el secuestro de su padre, Roberto Quieto, desde entonces detenido desaparecido.
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Hoy como abogado será querellante desde el próximo jueves en el juicio por ese y otros delitos de lesa humanidad cometidos hasta 1983 en jurisdicción de Campo de Mayo, la mayor guarnición militar del país.”Para este juicio oral, había dos procesados por el secuestro de mi papá, que eran Albano Harguindeguy y Santiago Riveros. Lamentablemente, Harguindeguy muere impune” hace un año, dijo Guido en una entrevista con Télam.El querellante lleva una década procurando el inicio de este juicio, que será el noveno de la megacausa de Campo de Mayo y cuyo comienzo se demoró por diversas razones, entre las que mencionó “la actuación del fiscal Jorge Sica”, que deploró.”Por suerte cambió el fiscal y ahora las cosas caminan con otro ritmo”, explicó Guido en una conversación en la que también habló de la enorme carga emocional que sobrelleva este juicio por la desaparición de su padre, secuestrado cuando era uno de los principales dirigentes de la organización Montoneros.
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Como querellante y en el plano humano, Guido se siente agradecido hacia mucha gente que le brindó apoyo en estos años y, en especial, hacia los abogados Florencia Arietto y Pablo Llonto.Las audiencias del juicio se extenderán del 17 al 25 de octubre, según lo previsto por el Tribunal, que probablemente dictará sentencia en diciembre próximo.
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Cuando se perpetró el secuestro del “Negro” Quieto, Harguindeguy era jefe de la Policía Federal en el último tramo del gobierno de Isabel Perón y después fue ministro del Interior de la última dictadura.Según relató años después el ex dirigente montonero Roberto Perdía, a comienzos de 1976 se reunió secretamente con Harguindeguy, quien le anticipó aspectos de cómo actuaría la dictadura terrorista de Estado y le dijo, sobre el motivo del encuentro: “No lo van a volver a ver más a Quieto. En realidad, no volverán a ver a nadie más”.En cuanto a Riveros, en esa época jefe de Institutos Militares en Campo de Mayo, su abogado defensor Florencio Varela (ya fallecido) admitió en su momento que Quieto había estado en el Batallón 601 de inteligencia de esa guarnición militar, en declaraciones a la periodista Alejandra Vignolles, que ésta consignó en su libro “Doble condena”.”Por su jerarquía en Campo de Mayo, Riveros era responsable de las cosas que sucedían ahí adentro”, apuntó Guido sobre la causa caratulada “Riveros, Santiago Omar y otros  por privación ilegal de la libertad, tormentos, homicidio, etc.”.
Alejandra Vignoles y Guido Quieto, durante la presentación del libro “Doble Condena”

Alejandra Vignoles y Guido Quieto, durante la presentación del libro “Doble Condena”

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Aunque en esta etapa judicial sólo el ex jefe de Institutos Militares está acusado por la desaparición de Roberto Quieto, “la instrucción la continúo y tenemos pistas sobre otras personas que han podido participar no sólo en la detención sino que han interrogado a mi papá”, relató Guido.Pese a que conspira contra esta búsqueda de verdad y justicia “el paso de los años, que va cerrando muchas puertas, yo no voy a bajar los brazos hasta llegar a la culminación, que es saber la verdad”, agregó.Sobre la participación en el hecho de diversas fuerzas represivas, apuntó que debió existir “zona liberada” para que su padre fuera capturado durante un encuentro familiar en la concurrida costa del río a la altura de la localidad bonaerense de Martínez, entre otros indicios.Preguntado sobre si tenía recuerdos propios de lo sucedido ese 28 de diciembre de 1975, Guido Quieto respondió: “Sí, por supuesto. No es de las cosas que puedas olvidar en la vida”.”Los encuentros con mi papá eran programados, tratando de que fueran en  lugares públicos, con la idea de que ese era el mejor modo de estar protegidos. Esa vez, habíamos pasado el día en un lugar con árboles, al lado del río, al que iba muchísima gente”, evocó.

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“Cuando él ya se estaba por ir, llegan unos autos con gente armada y disparando. Imaginate, todo el mundo debajo de los autos. Yo era chiquito, seis años tenía, y posiblemente a eso le debo que ahora esté acá, porque, de haber sido más grande, tal vez mi actitud hubiese sido otra. Bueno, en este contexto fue que se lo llevaron”.

Fuente: TELAM

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